Al lograr que cada quien se haga cargo de resolver sus problemas libera al otro de la pesada carga del “tú debes hacerme feliz” y cada uno se siente empoderado al asumir que si la molestia es de uno mismo, está en nuestras manos hacer con ella lo que nos parezca correcto y de ninguna manera que nuestro bienestar lo dejemos en manos del otro; es frecuente y lamentable escuchar: “Estoy en sus manos”.
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